Educación e IA: ¿estamos desarrollando talento o dependencia?

Oct 06, 2026
 

Una conversación con Alejandro Truébano sobre el aprendizaje, el valor del trabajo humano y las decisiones que las empresas no deberían delegar sin criterio.

Por Fabian Schwartz · Accelerate

Desde que empecé a usar Waze, siento que perdí parte de mi capacidad para orientarme con un mapa. La herramienta me ayuda a llegar, pero eso no significa que yo haya aprendido a orientarme mejor.

Compartí esta experiencia durante mi conversación con Alejandro Truébano en Accelerate. Es una anécdota personal, no una prueba sobre los efectos de la tecnología. Pero permite plantear una pregunta relevante para cualquier organización: ¿qué sucede cuando una herramienta mejora nuestro resultado, pero dejamos de practicar la capacidad que antes necesitábamos para conseguirlo? 

En este episodio conversamos con el fundador de Grupo Doctrina Qualitas sobre educación, inteligencia artificial y desarrollo de personas. La pregunta de apertura resumía el desafío: si alguien entrega un trabajo excelente con ayuda de la IA, ¿cómo sabemos cuánto aprendió esa persona y cuánto resolvió la herramienta?  

[Insertar aquí el video completo del episodio]

La oportunidad no consiste solamente en hacer las cosas más rápido

Lo primero que Alejandro destacó fue la posibilidad de reducir barreras de acceso a la educación.

Relató el caso de una universidad en México, vinculada con una fundación universitaria en Colombia, que había desarrollado apoyos tecnológicos para facilitar el acceso a plataformas de formación a personas con distintas discapacidades, entre ellas visuales y auditivas. Para él, ese tipo de aplicación muestra un valor de la IA que va más allá de ahorrar tiempo: abrir oportunidades de aprendizaje que antes eran más difíciles de aprovechar.  

Ese ejemplo importa porque evita reducir la conversación a una elección entre defender la tecnología o rechazarla.

Una cosa es utilizarla para facilitar que alguien aprenda. Otra es utilizarla para eliminar cualquier esfuerzo del proceso. Y otra, distinta, es incorporarla solamente porque parece que todas las organizaciones deberían hacerlo.

Durante la entrevista mencioné precisamente esa inquietud: empresas que invierten en inteligencia artificial sin tener suficientemente claro para qué la necesitan.  

Para mí, la pregunta que debería orientar esa inversión es concreta: ¿qué queremos que las personas puedan hacer mejor después de incorporar esta herramienta?

¿Qué valor seguirá aportando la educación humana?

Alejandro defendió con fuerza el componente humano de la educación. En su visión, utilizar IA principalmente para sustituir personal y abaratar la operación puede deteriorar la experiencia del estudiante. Su argumento se apoyó en las opiniones de alumnos que, según explicó, su organización revisa para evaluar cómo perciben el servicio educativo.  

Le planteé un contraste: nuestras preferencias también pueden cambiar. Que nosotros valoremos más una experiencia presencial o el acompañamiento de un profesor no garantiza que las siguientes generaciones prefieran lo mismo. ¿Podría llegar un momento en que muchas personas eligieran aprender con IA? Alejandro reconoció que ese escenario era posible, aunque no lo consideraba deseable como sustitución del aprendizaje humano.   

La conversación dejó una tensión interesante. Más adelante, él mismo destacó que las instituciones pequeñas podrían utilizar IA para desarrollar contenidos, apoyar evaluaciones y mejorar el seguimiento y la atención a los estudiantes con menores costos.  

No quedó resuelto exactamente dónde está la frontera entre una automatización que mejora el servicio y una que empobrece la experiencia.

Para quienes dirigimos organizaciones, esa es una pregunta más útil que discutir si todo debe ser humano o todo debe automatizarse: ¿en qué parte del aprendizaje aporta valor la intervención humana y qué estamos perdiendo cuando la retiramos?

Estamos contratando personas, no solamente su capacidad para usar herramientas

Uno de los momentos más concretos de la entrevista apareció al hablar de selección de talento.

Alejandro lo expresó así:

“Lo que estoy contratando es una persona, no un software”.  

Su propuesta consiste en observar al candidato haciendo lo que tendrá que hacer en el trabajo, dentro de una situación de prueba y sin asignarle todavía una gran responsabilidad frente a un cliente. Quiere ver cómo utiliza las herramientas, pero también cómo responde como persona y cómo se desenvuelve con otros.  

La distinción es importante. Una hoja de vida con muchas certificaciones puede mostrar preparación. Un resultado elaborado con IA puede mostrar dominio de una herramienta. Pero Alejandro propone no detenerse ahí: observar el desempeño en una situación parecida a la realidad del cargo.

De esa parte de la conversación me queda una pregunta para cualquier líder: cuando evaluamos talento, ¿estamos mirando solamente el producto final o también a la persona que tendrá que explicar, adaptar y responder por ese trabajo?

La IA como apoyo para pensar, no como sustituto de toda decisión

Durante el episodio compartí una idea que me interesa especialmente: el concepto de centauro, entendido en la conversación como la combinación del humano con la IA.

Lo aterricé con un ejemplo de mi propio trabajo. Cuando recibo información empresarial con muchos datos, me resulta útil apoyarme en IA para obtener resúmenes y explorar interpretaciones. Pero quiero conservar la decisión final. Esa es la forma de colaboración que me interesa: ampliar mi capacidad de análisis, no desaparecer del proceso.  

Eso nos llevó nuevamente a la pregunta central: ¿cómo distinguir a alguien que aprendió a pensar mejor con IA de alguien que simplemente copia sus respuestas?

Aquí conviene conservar la honestidad del intercambio. Alejandro reconoció que no tenía una respuesta clara sobre cómo hacer esa distinción. Expresó confianza en el factor humano, la creatividad y la improvisación, pero no presentó un método concreto para medirla.   

La pregunta quedó abierta.

Y eso es parte del valor del episodio. No salimos con una fórmula para comprobar el aprendizaje en la era de la IA. Salimos con una dificultad que los líderes no deberíamos pasar por alto: un buen resultado, por sí solo, puede no resolver nuestras dudas sobre la capacidad de quien lo entrega.

Empatía, responsabilidad y decisiones cuando nada pinta bien

Cuando le pedí a Alejandro escoger solamente tres capacidades para los líderes que van a trabajar con IA, retomó dos que habíamos discutido: empatía y responsabilidad.

La tercera fue menos habitual: saber “lograr lo menos malo” cuando el escenario indica que las cosas pueden salir mal.  

Entiendo esa respuesta como una forma de hablar del criterio bajo condiciones difíciles. Liderar no siempre consiste en escoger entre una buena opción y una mala. A veces consiste en tomar una decisión cuando todas las alternativas tienen costos.

En cuanto a la responsabilidad, mi posición durante la conversación fue que necesitamos a alguien a cargo de las decisiones, aunque una máquina participe en su elaboración.  

Llevado al trabajo cotidiano, para mí eso significa no esconderse detrás de una recomendación automática. La herramienta puede participar en el análisis. El líder sigue teniendo que explicar qué decidió y hacerse cargo de lo que ocurra.

La pregunta que me llevo para las empresas

Mi conclusión de esta conversación no es que debamos usar menos inteligencia artificial. Es que debemos ser más precisos sobre lo que esperamos de ella.

Podemos buscar velocidad, acceso, apoyo para analizar información o nuevas posibilidades de formación. Pero no deberíamos confundir esos objetivos con haber desarrollado talento.

Para mí, el desafío de la formación empresarial consiste en conectar ambas cosas: aprovechar la herramienta y seguir desarrollando a la persona que trabaja con ella.

La próxima vez que revisemos una iniciativa de capacitación en IA, vale la pena preguntar algo más que cuántos empleados asistieron o qué aplicaciones aprendieron a utilizar:

¿Qué pueden comprender, decidir y hacer mejor ahora?

Esa pregunta no quedó resuelta por completo en el episodio. Precisamente por eso merece seguir en la conversación de los equipos directivos.

Mira la entrevista completa con Alejandro Truébano en Accelerate y compártela con el líder con quien necesitas discutir cómo está cambiando el aprendizaje en tu organización.