En el último episodio de Accelerate conversé con Dr. Gustavo Palomino, pionero de la hipoterapia en Colombia, investigador obsesivo (en el buen sentido) y alguien que ha trabajado durante décadas con una pregunta incómoda:
¿Por qué los cambios en liderazgo y cultura casi nunca duran?
La conversación empezó hablando de caballos, salud y rehabilitación.
Terminó tocando uno de los puntos más sensibles para cualquier líder serio: la incoherencia entre lo que decimos, lo que creemos y lo que realmente hacemos.
Y no, esto no va de “liderar como un caballo”. Va de algo mucho más incómodo.
El problema real del liderazgo no es técnico, es invisible
La mayoría de líderes que conozco:
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tienen buena intención
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son inteligentes
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conocen teoría de liderazgo
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hablan de valores, cultura, integridad
Y aun así:
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los equipos se desalinean
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las decisiones se diluyen
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la cultura se degrada
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los cambios no se sostienen
Según Gustavo, el problema no está en la estrategia ni en las herramientas.
Está en el inconsciente.
No solo el inconsciente personal del líder, sino algo más grande y más peligroso de ignorar:
👉 el inconsciente empresarial.
La empresa como organismo vivo (no como PowerPoint)
Gustavo lo dice sin rodeos:
“Una empresa funciona como un ser vivo. Tiene cabeza, manos, pies, digestión… lo único que no tiene es corazón.”
Cada empresa desarrolla, con el tiempo, una lógica interna no escrita:
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qué se premia realmente
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qué se castiga aunque nadie lo diga
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qué comportamientos “sí pasan”
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qué incoherencias se toleran
Eso es el inconsciente empresarial.
Y aquí viene el golpe para muchos líderes:
ese inconsciente no lo define la misión ni la visión colgada en la pared.
Lo define el comportamiento real del liderazgo.
El caballo como sensor de incoherencia
Aquí es donde entra el caballo. No como metáfora bonita, sino como instrumento brutalmente honesto.
El caballo:
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no racionaliza
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no justifica
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no compra discursos
Percibe estados internos, tensiones, incoherencias.
Y reacciona.
En la entrevista, Gustavo cuenta algo que he visto personalmente en sesiones de liderazgo con caballos:
Cuando hay una incoherencia fuerte en un líder —por ejemplo, alguien que predica integridad pero no cumple su palabra— el caballo lo siente.
A veces se bloquea. A veces se inquieta. A veces literalmente se sacude, se revuelca, como si necesitara “descargarse”.
No porque el caballo “juzgue”.
Sino porque la incoherencia genera ruido.
Y el ruido se siente.
Lo que tu equipo ya sabe (aunque nadie lo diga)
Aquí viene la parte incómoda para cualquier CEO o gerente:
Tu equipo no necesita palabras para detectar incoherencias.
Las sienten.
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cuando dices una cosa y decides otra
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cuando hablas de valores pero premias resultados a cualquier costo
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cuando exiges compromiso pero no cumples acuerdos
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cuando pides foco pero cambias prioridades cada semana
El caballo simplemente hace visible lo que el equipo ya vive todos los días.
Liderazgo sostenible ≠ motivación momentánea
Uno de los aportes más interesantes de la conversación fue este:
El coaching tradicional muchas veces funciona… pero no dura.
¿Por qué?
Porque trabaja solo en la capa consciente:
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reflexión
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intención
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emoción momentánea
Pero no toca:
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patrones profundos
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incoherencias internas
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contradicciones no resueltas
El trabajo con caballos —bien hecho, con criterio— abre ese nivel profundo.
No reemplaza la estrategia.
La vuelve posible.
La pregunta que todo líder debería hacerse
No es:
“¿Soy buena persona?”
Es:
¿Dónde soy incoherente sin darme cuenta?
Porque esa incoherencia:
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se filtra en decisiones
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contamina cultura
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erosiona confianza
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frena resultados
Y ningún framework, OKR o reestructuración la va a arreglar.
Liderar empieza por alinearse
Este episodio no es sobre caballos.
Es sobre liderazgo real.
Sobre entender que:
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la cultura no se decreta
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la coherencia no se declara
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el liderazgo no se actúa, se encarna
Y que a veces, para ver lo que no queremos ver de nosotros mismos, necesitamos un espejo que no mienta.
A veces, ese espejo tiene cuatro patas.
🎧 Escucha el episodio completo de Accelerate con Gustavo Palomino
Si lideras personas, equipos o una empresa, esta conversación te va a incomodar… y eso es exactamente por qué vale la pena.